Publicado originalmente el 20 de noviembre de 2010
Fui a aquella discoteca por compromiso. Me insistieron tanto que me decidí a ir. A fin de cuentas, no tenía nada interesante que hacer.
Fui a aquella discoteca por compromiso. Me insistieron tanto que me decidí a ir. A fin de cuentas, no tenía nada interesante que hacer.
Pero
el ruido - música le llamaban - era tan alto que no podía hablar con
nadie, así que decidí irme a uno de los butacones y jugar con el Tetris
de mi móvil 3g.
Entonces se me acercó.
- Hola, qué tal. ¿Qué buscas?
- Ganar esta partida de Tetris.
- Ah, qué interesante. ¿Cómo te llamas?
- Yo, soy yo. Me llamo yo. Llámame yo a secas.
- Ah, bien. ¿A qué te dedicas?
- Soy jugador de Tetris.
- Yo soy cura en una parroquia de alto standing.
- Yo acabo de pasar al siguiente standing de nivel.
Siguió
la conversación y sospeché que el hombre quería ligar conmigo, algo
para lo que yo no estaba por la labor. Tenía una labia impresionante. Me
sentía mal. Mi capacidad para ser borde, no surtía efecto. Mis cortes.
Mis groserías les eran inmunes. Así que decidí utilizar mis fuerzas.
- Me gustas un montón, me dijo.
Le miré fijamente. Inmóvil.
- Que te digo que me gustás un montón.
Yo seguía mirándole fijamente. En silencio. No movía ni un músculo de mi cara.
- Oye ¿te ocurre algo?
Yo era una estatua de sal y comencé a poner mis ojos en blanco, poco a poco.
- ¿Te encuentras mal? Me estás asustando.
Empezó a caer un poco de baba por la comisura de mis labios.
Cuando
le vi la cara horrorizada y a punto de salir huyendo, le dije con la
mejor de mis sonrisas, sí, con esa sonrisa mía con la cual ligo:
- Hola qué tal.
Su cara era un poema.
- ¿Qué te ha ocurrido? Me has asustado, ¿qué te ha pasado?
Yo:
Ah, nada, nada, no te preocupes, es que me muero a veces. Pero me repongo.
Me
miró con cara rara de susto y desapareció. Me lo quité de encima.
Objetivo conseguido. Doble. Un cura menos y otra partida ganada al
tetris.
No hay comentarios:
Publicar un comentario